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Como parte del apoyo a los artesanos, el Museo Textil de Oaxaca en conjunto con la Universidad Anáhuac del Sur de la ciudad de México,  han desarrollado un sistema de apoyo  profesional que consiste en el desarrollo de imagen corporativa: trípticos, tarjetas de presentación, logotipos, slogans, posters y fotografía, tanto documental, como para el desarrollo de catálogos en donde puedan exhibirse los productos textiles.

Los resultados han sido gratificantes para Don Arturo Hernández Quero, tejedor de Mitla que elabora sus textiles teñidos con tintes naturales y tejidos en  telar de pedales; así como Abigail Mendoza, tejedora de Santo Tomás Jalieza, cuya técnica de elaboración textil es el telar de cintura (diseño de imagen corporativa en proceso).

El objetivo principal es tratar de difundir el arduo trabajo artesanal que realizan, dando a conocer los procesos de recolección del material, el teñido con colorantes naturales y las horas-hombre invertidas en la elaboración de las piezas textiles artesanales. Mediante estos apoyos se fomenta entonces una concientización al público que desconoce este tipo de trabajo y muchas veces no lo aprecia, provocando el comercio injusto y el regateo.

El proporcionar una marca tiene como beneficio una mayor seguridad para el cliente que adquiere estos productos y facilita su comercialización en nuevos canales de distribución. Cuanto más fuerte es la marca, más fácil es reconocer su promesa.

En el caso de los productos textiles artesanales se pretende denotar una idea de un producto único, exclusivo, de calidad, que tiene valor por su proceso de elaboración y que puede ser fácilmente adaptable a la moda.

Agradecemos a la Dra. Rocío Vidal de Alba, Directora de la escuela de Diseño de la Universidad Anáhuac del Sur por su apoyo desinteresado a los artesanos de nuestro estado así como a las alumnas que voluntariamente realizan este trabajo.

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Investigación sobre la Indumentaria San Antonino Castillo Velasco

Autores:  Begoña Irazábal y Ana Paula Zamacona, estudiantes de la carrera de Historia del Arte de la Universidad Iberoamericana Campus Ciudad de México

San Antonino es un pueblo vivo, rodeado de verde que se levanta a unos cuantos kilometros de Ocotlán. El mercado lleno de voces, colores, olores cítricos y humedos es el centro de la comunidad donde fluctuan todas las acciones que activan el motor de la zona.

San Antonino tiene una reticula perfecta haciendo manzanas cuadradas a lo largo de su extensión. El centro es simbólicamente el comercio y la religión, cosa que esta representada por la iglesia y el mercado. La primera tiene un carácter ecléctico, es una fusión de varios estilos colores y materiales. En el mercado se despliegan comercios de comida, ropa, juguetes, accesorios, joyeria, etc. Entre tanto barullo es díficil encontrar el famoso bordado de flores en las típicas blusas de la región.

Al llegar al pueblo, en la calle de Independencia estuvimos preguntando por quien podría informarnos sobre la indumentaria típica de la región, entramos a unos abarrotes donde conocimos a una señora de bastante edad llamada Juana Aguilar quien nos dijo que la señora que se dedicaba al bordado tenía un puesto cerca del mercado y que su nombre era Severa Santiago. Antes de informarnos sobre esto nos dijo que el enredo que se utilizaba era de lana roja y muy pesado, nos contó arrepentida que ella había vendido su traje típico. Por otro lado nos cuenta que ya muy poca gente lo usa o tiene el original.

Otra cosa que nos llamo la atención es que en los anuncios de publicidad política las Señoras están vestidas tradicionalmente usándolo como estandarte del pueblo, pero nadie lo usa en las calles. Así la indumentaria típica se usa simbólicamente como un vínculo e identificación hacía la comunidad. El poder político a través de su propaganda se apropia de una imagen ya conocida por todos los habitantes para ganarse su confianza. Lo parádojico es que ningún habitante de San Antonino actualmente lo usa excepto por las personas que bailan en los lunes del cerro o las fiestas patronales.

La indumentaria tradicional de San Antonino se caracteriza por la blusa bordada que está inspirada en “(…)La flora silvestre de los verdes valles oaxaqueños que ha contagiado su esplendor a los diversos textiles que a las descendientes de los zapotecos elaboran en sus telares de cintura. Cadenciosas y altivas, las zapotecas lucen en su vestuario la tupida vegetación del paisaje que las rodea: flores que nunca se marchitan sembradas en las blancas blusas de San Antonino, blusas de corte mestizo y popelina blanca, escote redondo y mangas cortas.”[1] Por ejemplo, una niña camina por el mercado y trae la blusa tipica con el bordado de flores, pero lleva pantalones de mezclilla, lo que parece una buena idea para no dejar de usar algo de la vestimenta.

Al llegar al puesto de la Señora Severa nos enseña una carpeta con la fotografía de su madre llamada Guadalupe Paz quien nació en 1933, ella no portaba el traje tipico sino un vestido de tela comercial y un delantal cosido por ella misma.

El traje consiste en el enredo de lana roja teñida con grana cochinilla que la mayoría de las veces se adquiere en Teotitlán del Valle, la faja o ceñidor de Santo Tomás Jalieza que se amarra en un moño, la blusa de flores bordadas y tlacoyal que son unas borlas como de estambre para el pelo que se usan cuando las mujeres bailan o van a una fiesta. El calzado que utilizan se conoce como cacles, son unos guaraches hechos de cuero, similares a los que se conocen como “pata de gallo” donde una tirita separa el dedo gordo de los demás. El peinado son dos trenzas que se unen en la cabeza con un listón de diferentes colores. “El atuendo de las mujeres de San Antonino se complementa con el enredo de lana oscuro que forma tablones lisos al frente y en la espalda y se sujetan con una faja roja y amarilla del mismo material.”[2]

El traje ya no se usa por que las muchachas jóvenes prefieren vestirse a la moda o imitar a los artistas que salen en la televisión. Los padres ya no pueden ejercer un control fuerte sobre los hijos y no pueden exigirles que usen el traje típico o que aprendan las tradiciones. El traje sólo se usa en la Guelaguetza, en el lunes del cerro en el mismo pueblo y en las mayordomías que son las misas al Santo Patrono.

El significado de los bordados sobre las blusas es diverso y sujetivo dependiendo de la misma bordadora. Se dibuja con pluma las flores, las hojas y los pajaritos sin patrón sobre la blusa ya cosida. El significado es poner la flor del pensamiento con varios colores: naranja, amarillo, rosa y rojo. Los colores no significan nada en específico, pero se ven mucho los colores vivos. “El mayor atractivo de estas prendas es el bordado que luce alrededor del escote y en los hombros, diseño floral en el que se entrelazan pensamientos y nomeolvides, con sus corolas delicadas y sus tallos verdes.”[3]

Ella hace las blusas y los vestidos, no cose con metro, sino con cuartas que es la distancia del pulgar al meñique. Cose con hilos comerciales de algodón o de seda. El hazme si puedes es un bordado de muñequitos que prensa la blusa, la hace parecer un resorte. “Las diferentes piezas se unen con bandas de hilo blanco en un pliegue pepenado sobre el cual se bordan minúsculos muñecos”.[4] Es un trabajo sumamente elaborado que llevan todas las prendas, si la hebra del hilo se pierde ya no salen las manitas de los muñequitos y tiene que descocerse para volver a empezar. El hazme si puedes significa un pueblo unido.

A través de esta conversación Severa nos presenta la idea de la tradición a partir del trabajo de los hilos y tejidos. Nos cuenta cómo aprendió de su mama y como el conocimento es intangible pero el trabajo prospero. Así hoy sobrevive la indumentaria tradicional como un recuerdo y una practica que se esta perdiendo. Esnecesario revalorarla para que lo poco que queda sea rescatado.

Anexo1- Entrevista con Severa Santiago, habitante y artesana de la comunidad

La tradición del uso del traje regional se ha perdido. Solo se usa el lunes del cerro y en las mayordomías y solo las chicas que bailan. En la verbena popular todo mundo viste de calle.

Consiste en un enredo de lana generalmente roja, una faja o ceñidor deteniendo el enredo que generalmente es traída de Santo Tomás Jalieza y la blusa bordada de flores.

Nunca ha sido muy usado para andar de diario sino para las fiestas. La ropa de trabajo generalmente eran mandiles y vestido de tela delgada. Es muy pesado e incómodo para trabajar. Hoy en día las niñas chicas quieren andar a la moda y ya no les interesa la tradición.

La blusa es de tela de algodón sencilla, yo compro los hilos también de algodón y se borda a mano. Los demás elementos de la indumentaria los traemos tanto de Santo Tomás Jalieza para el ceñidor como de Teotitlán del Valle para el enredo de lana.

No existe patrón definido sino que conozco el dibujo que mi mama me enseño. Hago pensamientos que son como una flor y motivos vegetales generalmente. Los diseños no varían tanto como los colores.

Yo escojo los colores más vivos por que son los que más me gustan y representan las flores y el paisaje de por acá.

Nunca tuvo un significado por si pero a través de los colores y motivos queremos simbolizar la alegría del pueblo. De hecho el hazme si puedes simboliza al pueblo y mi mama lo dominaba tan bien que bordaba nombres de personas con esta técnica.

Anexo 2 – Cómo llegar

San Antonino Castillo Velasco está localizado a 25 kilometros de la ciudad de Oaxaca. Para llegar se debe tomar la autopista 175 hacia Puerto Angel, Ocotlán o el aeropuerto. En el camino pasas por San Bartolo Coyotepec, famoso por el trabajo del barro negro y por San Martín Tilcajete, famoso por sus alebrijes. Posteriormente pasas por Santo Tomás Jalieza y San Antonino se despliega a mano derecha sobre la carretera.

Santo Tomás Jalieza está localizado a 25 kilometros de la ciudad de Oaxaca. Para llegar se debe tomar la autopista 175 hacia Puerto Angel, Ocotlán o el aeropuerto. En el camino pasas por San Bartolo Coyotepec, famoso por el trabajo del barro negro y por San Martín Tilcajete, famoso por sus alebrijes.


[1] Mapelli Mozzi Carlota y Castello Yturbide Teresa, La tejedora de vida, colección de trajes mexicanos de Banca Serfin, 2ª edición, México, Publicación de Banca Serfin, 1989 p. 63

[2] Ibidem p. 63

[3] Ibidem p. 63

[4] Ibidem p. 63

Investigación sobre indumentaria en Santo Tomás Jalieza

Autores:  Begoña Irazábal y Ana Paula Zamacona, estudiantes de la carrera de Historia del Arte de la Universidad Iberoamericana Campus Ciudad de México

Santo tomas Jalieza es un pueblo secreto, bien construido con sus calles y avenidas en retícula perfecta. El centro del lugar lo dicta la Iglesia  de color rodeada por un muro imponente que circunda el atrio y sus jardines. Precisamente “Jalieza significa en Zapoteco: “Abajo de la iglesia”. Se compone de Xana, “abajo” y lieza, “iglesia”. Santo Tomás en honor de uno de los doce apóstoles.”[1]

En Santo Tomás Jalieza los textiles se esconden dentro de las casas, no hay mucho que haga al visitante descubrir la actividad de tejedor, sólo el realmente interesado toca las puertas para descubrir los espacios expositivos. Hay un mercadito algo solitario donde varias mujeres diferentes edades ofrecen bolsas, morrales, estuches, muñequitas y caminos para las mesas.

Lo más representativo es ver la actividad materializada en las mujeres sentadas en el piso sobre un metate que tejen ayudadas de un poste o de un árbol, concentradas sin medir ni usar calculos matematicos van llevando a cabo el diseño que han estado imaginando, creando discursos coloridos y orgánicos. Pájaros, flores y peces que vuelan, flotan y nadan juntos en las cintas.

El traje tipico de Santo Tomas Jalieza consiste en “en una blusa y un enredo, Este último es de manta y algunas veces tiene cuadritos pequeños. El enredo se amarra con una faja. El traje es sencillo nunca fue tan elegante.”[2]

La iconografía a diferencia de los accesorios y de las cintas es mucho más simple, la mayoría de las telas que usan para vestirse son lisas. Lo que da vida al traje es el ceñidor que comúnmente es una cinta tejida a manera de cinturón que se amarra alrededor de la cintura y puede terminar con las muñequitas, que se hacen para no desperdiciar los hilos sobrantes.  “El tejido es generalmente liso y sin figuras. Los colores de las fajas o ceñidores significan la pertenencia al pueblo, por ejemplo el morado es de Tlacolula y en Santo Tomas Jalieza ellas usan el rojo o guinda. Así se puede identificar a los Valles centrales en diferentes colores.”[3]

Las mujeres de esta comunidad usan lana para ejecutar el traje de fiesta, la mayoría de las veces éste es oscuro, pero otras veces es rojo teñido con grana cochinilla. La blusa comúnmente es de algodón blanco o en tonos claros y puede tener algunos bordados de flores en distintos y llamativos colores.

El ceñidor que puede ser lo más representativo de Santo Tomás Jalieza es elaborado en un telar de cintura y puede ser más ancho o más angosto dependiendo de la edad de la mujer que lo porta. “Algunas mujeres no distinguían la medida de las fajas o ceñidores por metro, sino por varas. La vara mide la distancia entre el codo doblado de forma vertical y el puño de la mano. Cuando la mujer es joven usa una faja más angosta y más corta, mientras que cuando es mayor usa una más ancha y más larga”[4]. El telar de cintura se presenta así, como una técnica acessible y de uso cotidiano debido a que tanto el espacio en el que se realiza como los materiales son fáciles de conseguir.

Así Santo Tomás jalieza se presenta “(…)entre los principales centros fajilleros (…) cuyos productos llegan a venderse hasta en Guatemala[5]”. Las fajas se exportan a otras comunidades de los Valles centrles y se caracterizan por su amplia gama de color y por sus motivos decorativos entre los cuales se encuentra la figura del danzante de la pluma[6], entre otros como animales y motivos geométricos.

Extiste gran variedad de tipos en los ceñidores y fajas que se confeccionan en Santo Tomás ya que éstas “(…) pueden ser anchas o estrechas, sencillas o con labrado de urdimbre, o brocado, o tejido de tela doble, y con una gran variedad de motivos decorativos; muchos de ellos con significados simbólicos, y de vivos colores o del color natural de los materiales usados[7]”.

Actualmente, las personas no visten ese traje por que usan lo que les queda más cómodo para trabajar, usan faldas y vestidos comerciales y algunas llevan mandiles a pesar de que las “(…) fajas o ceñidores que suelen ser la última prenda de la indumentaria indígena que se abandona cuando se pierde el traje tradicional[8]”. Hoy en día esta pieza tiene mucha versatilidad de uso fuera de la indumentaria tradicional y por eso sigue vigente entre el comercio y el vestido.

Otro aspecto importante es el peinado; la mayoría de las mujeres usa trenzas, algunas veces que se unen en un nudo con un listón y en ocaciones usan tlacoyal de colores.

Un testimonio jóven de la región argumenta que no se tiene un registro específico de un traje regional específico de la comunidad desde hace mucho tiempo. Sus antepasados portaban una blusa de manta y una falda en tela de algodón delgada con estampado a cuadros y un rebozo en la cabeza para cubrirse del sol mientras tejian en el patio exterior de su casa. Para ir al mercado usaban el chiquihuite, la cual es una canasta para ponerse en la cabeza.

Santo Tomás Jalieza por su cercanía tanto geográfica como ideológica con otras comunidades de los Valles centrales de Oaxaca como San Antonino Castillo Velaso fue confeccionador de ceñidores para otras comunidades que utilizaban como mercancia de trueque en el comercio de aquella época. Como se puede apreciar en ambas fotografias la señoras utilzan una ropa de trabajo sencilla de tela delgada y está realizando un ceñidor que posteriormente podrá vender o usar a su convenciencia. En la comparación visual de ambas fotografías se observan las diferencias de épocas pero la constancia en el trabajo y la misma forma de confeccionar el telar de cintura.

Así la vigencia de la indumentaria en Santo Tomás Jalieza es solamente un recuerdo entre sus habitantes. La gente adulta todavía se acuerda de sus antepasados con el traje típico a pesar de ser muy sencillo, los jóvenes a pasar de que siguen trabajando el telar de centura artesanalmente ya no conservan rasgos de la indumentaria tradicional en su vestir.

1. Anexo-  Narración de Crispina Navarro, Artesana y recidente de la comunidad

Creo que la última que usó el traje típico fue mi abuelita, una señora bastante conocida por todos, un personaje de carácter fuerte. La gente ahora ya no se viste así.

El traje regional consiste en una blusa y un enredo. El enredo es de manta y algunas veces tiene cuadritos pequeños. El enredo se amarra con una faja. El traje es sencillo nunca fue tan elegante.

El tiempo en el que vivimos está cambiando  muy rápido y a la gente ya no le interesa o ya no le parece importante usar la indumentaria del lugar, es decir, están concentrados en otros proyectos, en otras problemáticas.

La juventud se interesa por la moda, por vestir de manera cómoda, ligera y económica. Ella comenta riéndose que los jóvenes ya mero ni ropa se ponen. Además antes la ropa que se confeccionaba en el pueblo era la única que se podía usar, ya que el trasporte a la ciudad era muy complicado.

Los materiales que se utilizan son lana para confeccionar el traje de fiesta y manta para hacer el del diario. Nos cuenta que ella tiene un traje de su abuela, del cual no se puede explicar la técnica del tejido.

El tejido es generalmente liso y sin figuras. Ella dice que los colores de las fajas o ceñidores significan la pertenencia al pueblo, por ejemplo el morado es de Tlacolula y en Santo Tomas Jalieza ellas usan el rojo o guinda. Así se puede identificar a los Valles centrales en diferentes colores.

Algunas mujeres no distinguían la medida de las fajas o ceñidores por metro, sino por varas y entonces ella nos explica que la vara mide con la mano doblada, del codo al puño y que cuando la mujer es joven usa una faja más angosta y más corta, mientras que cuando es mayor usa una más ancha y más larga.

La blusa es sencilla, generalmente de algún color claro y algunas veces tiene bordados simples. El enredo es una pieza rectangular de manta que no solamente se amarra, sino que envuelve al cuerpo de manera especial de acuerdo a la forma de éste.

Hay algunos pueblos como La Asunción y Santiago donde la indumentaria regional se sigue usando un poco más entre las personas mayores.

Los jóvenes no presentan interés por el pasado, por saber cómo se usaba el enredo y la vestimenta típica, el problema es que no hay inquietud por conocer.

2. Anexo- Cómo llegar

Santo Tomás Jalieza está localizado a 25 kilometros de la ciudad de Oaxaca. Para llegar se debe tomar la autopista 175 hacia Puerto Angel, Ocotlán o el aeropuerto. En el camino pasas por San Bartolo Coyotepec, famoso por el trabajo del barro negro y por San Martín Tilcajete, famoso por sus alebrijes.

3. Anexo-Galería fotográfica


[1] “Santo Tomás Jaileza” (en línea), Disponible en:  http://www.inafed.gob.mx/work/templates/enciclo/oaxaca/municipios/20530a.htm, 10 de julio de 2010.

[2] Testimonio oral de Crisipina Navarro en Santo Tomás Jalieza. Julio 2010.

[3] Testimonio oral de Crispina Navarro en Santo Tomás Jalieza. Julio 2010.

[4] Testimonio oral de Crisipina Navarro en Santo Tomás Jalieza. Julio 2010.

[5] Indumentaria tradicional indigena, México, editorial Hermes, p. 70.

[6] Ibidem, p. 71.

[7] Ibidem, p. 71.

[8] Ibidem, p. 71.

Investigación sobre indumentaria en Teotitlán del Valle

Autores:  Begoña Irazábal y Ana Paula Zamacona, estudiantes de la carrera de Historia del Arte de la Universidad Iberoamericana Campus Ciudad de México

Un largo camino entre subidas y bajadas bordeado por hilos y telares; Teotitlán del Valle es un mágico pueblo zapoteco característico por la confección de tapetes de lana.  Los textiles con su color, motivos, y diferentes combinaciones invaden el pueblo, su tiempo, y espacio.  Por lo tanto cuando el visitante llega a esta comunidad, pocas veces se detiene a pensar en el textil como indumentaria más que como algo para decoración.

La experiencia de un día en Teotitlán se podría representar en una vuelta en taximoto, un dialecto zapoteca, un olor a tierra recién mojada y unas papas Sabritas a $4.00 pesos; lugares mágicos que contrastan la globalidad y el llamado capitalismo desde donde se piensa que pueblos como estos son ya cosa del pasado. En esta comunidad el tiempo es estático y el espacio inmóvil. Basta con asomase a cualquier casa o taller para sorprenderse con la gran producción y actividad que se vive en este poblado. “Virtualmente cada hogar en Teotitlán es un aparador de tejidos de extraordinaria diversidad y belleza”.

Introduciéndonos en uno de los talleres próximos a la carretera que lleva al centro del pueblo nos encontramos con una típica pequeña industria textilera en un terreno bastante grande; una casa-taller abierta con un patio exterior techado que es donde generalmente trabajan con los telares de pedales. Adentro sigue siendo un lugar muy fresco,  una especie de estancia muy grande con muchos tapetes colgados en la pared a manera de galería o de espacio expositivo.  La encargada del negocio familiar es Viridiana Chávez.  Dejando de lado los tapetes y sarapes, ella no viste un traje regional confeccionado por ella misma o por alguien de su comunidad.

El traje típico de Teotitlán del Valle consiste en “(…) una manta que es un pedazo de tela típica que se amarra con un ceñidor a manera de cinturón, la manta generalmente es de color rojo o tela de cuadros, algunas son teñidas a mano y otras veces son de lana. La blusa es muy simple, pero algunas veces tiene adornos, encaje, listones o franjas de un color distinto. Lo que comúnmente se manda a hacer son los ceñidores”. Es importante recalcar que el enredo de lana obscura se utiliza para un evento de gala y el de manta es una indumentaria de carácter cotidiano. Ambas versiones no presentan una elaboración muy compleja y su uso ha perdido vigencia día a día. Ahora sólo lo portan las personas mayores, poniendo en riesgo esta tradición.

La iconografía de la indumentaria es de suma sencillez comparada con los tejidos de lana ornamentales. En las prendas fabricadas con manta o algodón no hay patrones ni diseños, la mayoría de las veces las telas son lisas, se utilizan colores suaves y no brillantes, casi siempre los colores de la tierra: café, amarillo, anaranjado, rojos y algunos verdes. Por otro lado, en los tapetes se muestran motivos navajos, florales, geométricos inspirados en construcciones antiguas etc.  “(…) Un tapete de lana muestra diferentes representaciones de pájaros, mariposas, peces o tortugas mientras que en otros silenciosamente domina una paleta natural con refinada elegancia. Los diseños abarcan un amplio rango de imaginería, desde las grecas grabadas en piedra de la antigua Mitla hasta los diseños geométricos navajos”.

Los materiales que se utilizan para confeccionar el traje típico son algodón para la blusa, manta o lana para el enredo dependiendo de la ocasión, y algodón para el ceñidor. Esta última pieza es semejante a un rebozo anudado a la cintura. El traje se elabora en la trama y urdimbre del telar de pedales.

La gente ahora viste prendas de diferentes colores;  nos da la impresión de que algunas veces compran telas estampadas y se hacen sus propios vestidos con máquina de coser, mismos que acompañan con algún delantal bordado como de cocina que usan para trabajar diariamente. En el caso de los hombres usan ropa sencilla, algún pantalón de mezclilla o de algodón y una camisa de cuadros o algún patrón simple.

En el libro de Mexican Indian Costumes, Donald y Dorothy Cordry, enuncian una serie de consejos dados por una madre mixteca a su hija, en los cuales se le pide a la pequeña que no se convierta en una Revestida, lo que significa ponerse cualquier cosa, lo que le solicita es que se case y que continúe usando su indumentaria nativa orgullosamente. Las razones dadas por la madre para seguir portando el traje típico son:

“1) Un vestido (prenda comercial) es caro, dura menos que un huipil y que un enredo.

2) El enredo y el huipil son mucho más bonitos.

3) La niña que usa el vestido comercial no se casa.

4) La niña que no puede hablar bien español o no sabe leer, no debe usar vestido comercial.

5) La hija que acostumbra a usar el vestido comercial pronto no ya no quiere hablar con su madre.

6) La niña no debe usar el vestido, porque la gente va a hablar.”

Es muy interesante ver estas posturas de una mujer que piensa que la indumentaria hace la diferencia totalmente. Esta mujer tiene una posición no integracionista, defiende la riqueza de su identidad en su vestir.

Anexo 1. “Narración de Viridiana Chavez, Habitante y Artesana de Teotitlán del Valle”.

“Algunas personas todavía usan el traje regional, pero en general son mayores.

El traje consiste en una manta que es un pedazo de tela típica que se amarra con un ceñidor a manera de cinturón, la manta generalmente es de color rojo o tela de cuadros, algunas son teñidas a mano y otras veces son de lana. La blusa es muy simple, pero algunas veces tiene adornos, encaje o listones o franjas de un color distinto. Lo que comúnmente se manda a hacer son los ceñidores.

Ahorita la mayoría de las mujeres no quieren ese tipo de ropa por las diversas actividades que realizan, pero si se tiene la intención de rescatar el traje. Actualmente la vestimenta regional se utiliza solamente en eventos especiales, como de gala. Uno de los factores por lo que ya no se usa es por el peso de la misma.

El traje se elabora en la trama y la urdimbre del telar de pedales. Muchas veces la falda es de lana y la blusa es de algodón.

No hay patrones ni diseños, la mayoría de las veces las telas son lisas, se utilizan colores suaves y no brillantes, casi siempre los colores de la tierra: café, amarillo, anaranjado, rojos y algunos verdes. Usar un color no tiene un significado en especial.

El traje típico significa las raíces, conservar y respetar  las tradiciones, pero para la población se ha perdido este significado a través del tiempo por que las personas tienen otros intereses, la gente quiere estudiar más, irse lejos y desarrollarse en otros campos.

Finalmente agregó que el índice de producción es de 5% para la indumentaria y 95% para los tapetes de lana en Teotitlán”.

Anexo 2. ¿Cómo llegar a Teotitlán del Valle?

Se localiza en la Región de los Valles Centrales, a una distancia de 31 kilómetros (30 minutos) de la ciudad de Oaxaca, pertenece al Distrito de Tlacolula. (…)Colinda al norte con Santa Catarina Lachatao y Santa Catarina Ixtepeji (Distrito de Ixtlán); al sur con San Jerónimo Tlacochahuaya y San Francisco Lachigoló (mismo distrito); al oeste con Santa María el Tule, Tlalixtac de Cabrera y Santo Domingo Tomaltepec (Distrito del Centro); y al este con Villa Díaz Ordaz (mismo distrito).

Para llegar a Teotitlán del Valle hay que tomar la carretera federal 190 con destino al Istmo a 28 kilómetros de la ciudad de Oaxaca. Hay que desviarse a la izquierda en el kilómetro 27. Se puede ir en automóvil, en colectivo o en autobús.

Anexo 3. Galería fotográfica de la investigación


[1] Traducido de: Fischgrund Stanton, Andra. Zapotec Weavers of Teotitlán, Santa Fe, Museum of New Mexico Press, 1999, p. 5.

[2] Testimonio oral de Viridiana Chávez, Teotitlán del Valle, Oaxaca, 10 de junio de 2010.

[3] Traducido de: Fischgrund Stanton, Andra. Zapotec Weavers of Teotitlán, Op Cit, p. 5.

[4] Cordry Donald, Dorothy, Mexican Indian Costumes, Texas, University of Texas Press, 1968, pp. 19

[5] “Teotitlán del Vallle” (en línea) disponible en: http://www.inafed.gob.mx/work/templates/enciclo/oaxaca/municipios/20546a.htm, 15 de julio de 2009.

TALLER PLUMA TORCIDA

RESTAURACIÓN – TÉCNICA DE PLUMA TORCIDA

Uno de los objetivos primordiales en el MTO es la conservación del patrimonio textil.  Esta labor se realiza en dos ámbitos.  El primero de ellos es la conservación de los bienes textiles que conforman el acervo del MTO.  Para ello se cuenta con las instalaciones adecuadas, así como con el personal capacitado para resguardar todos los objetos en las mejores condiciones para las colecciones, ya sea que éstas se encuentren en almacenamiento o en exposición.  También se cuenta con un taller de restauración, el cual da seguimiento a los tratamientos realizados a las piezas que requieran intervenirse, además de plantear líneas de investigación sobre los materiales y técnicas textiles. El segundo ámbito en el que impacta la conservación en el MTO está relacionado con aspectos culturales intangibles, es decir, la preservación de tradiciones textiles.  La experiencia más reciente del MTO a este respecto es la elaboración de textiles emplumados a partir de la técnica de la pluma torcida, una técnica desaparecida durante los últimos 250 años.  Este trabajo surgió a partir del estudio y la restauración de un paño novohispano, un fragmento textil de finales del siglo XVII y una de las cinco piezas existentes de época virreinal.  Esta investigación se realizó en conjunto con la ENCRyM y uno de los resultados obtenidos fue la identificación y la reproducción de la técnica de la pluma torcida.  A partir de ello, se han llevado a cabo tres talleres con tejedores.  El primer taller se realizó en la ciudad de Puebla, dentro del marco de la exposición “Obras maestras del textil poblano”, en San Pedro Museo de Arte; el segundo se efectuó en las instalaciones del MTO y el tercero se llevó a cabo recientemente en el Museo Comunitario Balaa Xtee Guech Gulal de Teotitlán del Valle, teniendo la participación de 30 tejedores de la localidad.  Con la colaboración de los artesanos Román Gutierrez y Moisés Martínez en la parte práctica así como la labor de investigación para rescatar la técnica mesoamericana perdida por parte del Lic. Hector Manuel Meneses, responsable del área de restauración del Museo Textil de Oaxaca.

Nuestra labor ahora consiste en seguir difundiendo ésta y otras técnicas y reubicarlas dentro de las tradiciones textiles mexicanas.

La cultura textil indígena y su tradición están amenazadas por la situación económica”, aseguró Regina Torres Ramírez, artesana mazahua, durante la presentación que realizó del traje regional de su comunidad en el Museo de Textil de Oaxaca (MTO).

Durante la conferencia, realizada la tarde del jueves, la artesana explicó a los asistentes, cómo hacen los trajes y cuánto trabajo hay detrás de la hechura de estos vestidos.
Proveniente de la localidad Santa Rosa de Lima, Municipio del Oro, Estado de México, Regina mostró fotos del proceso de confección de un traje. Comentó que la elaboración del vestido empieza con la fabricación de los colores y el teñido de los hilos.

Torres Ramírez acotó, que los artesanos de su comunidad no producen colores en invierno. “Es mejor comenzar con este trabajo en abril, mayo o junio, cuando el color es más intenso. Por ejemplo, a mediados de julio y principios de septiembre se recolectan algunas flores”, indicó.
Una opción para obtener un tono es con la grana cochinilla. “Para obtener el color rojo, primero se elabora la mezcla de limón, sal de estaño y cochinilla de la cual se obtiene un color rosa, después a esa agua se le agrega más limón y flores silvestres y esa es la receta para crear ese color rojo tan vivo y particular. Con estas tonalidades entintan la lana y lo impresionante es que todo es natural, por eso no se pierde el color cuando se lava el traje, aun con agua caliente”, detalló.

La artesana continuó su presentación con una mirada a la elaboración de la lana, el bordado de los trajes y finalmente introdujo a los presentes a una fiesta tradicional, que comienza alrededor del 13 de agosto, cuando toda la gente porta estos trajes coloridos y le cantan las mañanitas a la santa patrona de su comunidad.  También, ella mencionó los problemas que enfrenta con este trabajo. Debido a la situación económica precaria.

La artesana mazahua platicó que hace un tiempo las mujeres de su comunidad dejaron de utilizar faldas, porque el costo para elaborar esta prenda era alto, debido a que requiere de muchos ingredientes y el proceso de elaboración es muy minucioso. Ella tuvo la idea de hacer lias o faldas para que las mujeres de su comunidad pudieran tener una propia, que ellas la elaboraran y le dieran un valor muy especial para lucirla con mucho orgullo, así como conservar la tradición de la indumentaria mazahua.

Ella organizó a un grupo de 31 mujeres de Santa Rosa de Lima, este taller se llama Flores Silvestres, y es ahí donde las mujeres van a tejer sus propias lias.
Regina Torres Ramírez mencionó que no elabora este tipo de trajes para su venta, porque el costo sería demasiado elevado y nadie pagaría un traje así. Por esa razón, sólo hace trajes para las mujeres de su pueblo, para recuperar la tradición de la vestimenta mazahua.

Enriqueta Cenobio Calixto y Juvenal Bernardino Gómez crean hermosos bordados en miniatura. Ellos vienen de un pueblo Mazahua en el estado de México. Enriqueta aprendió el bordado de su madre, que la enseño cuando ella tenia nueve años.
Los Mazahuas son indígenas que habitan la porción del noroeste del estado de México y el sureste de Michoacán, con presencia también en el Distrito Federal debido a Ia migración para encontrar trabajo. Los textiles mexicanos han existido durante mas de 5,000 años, pero ahora la cultura textil indígena está amenazada ya que estas personas son forzadas hacia las ciudades por Ia necesidad económica.
La técnica del bordado que siguen Enriqueta y Juvenal está en la tradición Mazahua, en que dos agujas son utilizadas paralelamente para trabajar con dos colores del hilo a Ia vez.

Atención personal del mismo autor todos los sábados, Parque San Jacinto, San Ángel, D.F. Entre Frontera y Madero de 8:00 a 19:00hrs

Tel. (045) 722 10 19 765 

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